Líbero.- A veces, un partido parece seguir cierto guión, pero basta con un giro imprevisto para trastocar todo. Estas jugadas, imprevisibles o elaboradas, lo cambian todo: tanto el marcador como el ánimo de los equipos pueden alterarse en cuestión de segundos. Hay quien cita datos, como ese del 60% de los goles en Mundiales que llegan a balón parado, según la FIFA, claro, para ilustrar cómo un instante lo puede revolver todo.
En el fútbol o el baloncesto, uno puede tener una idea de cómo será el partido, aunque casi nunca se cumple al pie de la letra. Como en la ruleta en vivo online, la emoción reside en no saber cómo puede acabar. De alguna manera, son estos detalles pequeños, casi microscópicos, los que construyen recuerdos que se quedan con nosotros mucho después de que termina el juego.
GOLES Y ANOTACIONES DECISIVAS
Eso del "gol psicológico" es un término, quizá un tanto manido, pero sigue saliendo en charlas futboleras y en debates expertos. Aquella final de Champions 2005 viene rápido a la cabeza: Liverpool, perdiendo 3-0 ante el Milan, y en seis minutos de locura todo se volcó. Notar antes del descanso, dicen muchos, desestabiliza al rival más de lo que aparenta. De hecho, la UEFA sugiere que casi uno de cada cinco goles en torneos grandes ocurre en los últimos instantes de la primera parte, el reloj, en cierto modo, juega también su partido.
En baloncesto, romper una sequía de puntos con una canasta esencial o encestar en el último momento suele dejar una huella emocional difícil de medir. En 2008, Rudy Fernández encestó un triple ante Estados Unidos en la final olímpica; ese instante modificó el ánimo de toda España por unos minutos, aunque al final el oro no fue posible. Al mirar atrás, se siente que estos episodios se elevan a categoría de leyenda. Quizá no siempre por la táctica, sino por ese extraño empuje emocional que arrastra a todo un equipo.
EL AZAR Y LA IMREVISIBILIDAD EN LOS DEPORTES
De la misma manera que en las ruletas online, el azar puede colarse en los deportes y marcar diferencias. Un mal apoyo, como aquel de Steven Gerrard en 2014, y la historia de la liga inglesa cambió de rumbo. Muchas personas aún lo tienen clavado en la memoria, tanto hinchas del Liverpool como quienes solo vieron el partido de paso. Si uno se fija en OPTA Sports, se estima que el 15% de los goles de máximo nivel provienen de errores no forzados, bastante alto para deportistas tan entrenados, pero quizá eso es parte del encanto, o la tragedia.
Lo de las decisiones arbitrales merece párrafo aparte. Ahora, entre VAR y replay instantáneo, una acción que parecía definitiva se puede borrar en segundos. El árbitro la pasa mal: tiene que decidir en milésimas, sabiendo que la tecnología puede alterar cualquier festejo. Es curioso cómo, mezclados, azar y revisiones tecnológicas forman un guión caprichoso, uno que nadie realmente ve hasta después.
LESIONES Y CAMBIOS TÁCTICOS QUE REINVENTAN UN PARTIDO
Una lesión inesperada, como suele ser, puede dar la vuelta a todo. El caso de De Bruyne en la final de la Champions 2021 vino a mostrarlo: City perdió a su centro neurálgico y el Chelsea, bueno, vio el camino más despejado. Transfermarkt calcula que en un 35% de los partidos en que una estrella se lesiona, el resultado rompe con el pronóstico de las apuestas. Quién sabe si la cifra es exacta, pero no suena descabellado.
Y claro, los entrenadores meten mano en el tablero. Cambiar la disposición táctica (pasar de un 4-4-2 a un 3-5-2, para poner un ejemplo) obliga al rival a reajustarse, a veces sin éxito inmediato. En tenis, la cosa tampoco es demasiado distinta: una molestia física puede hacer caer a un jugador en picado, y aun así a veces hay remontadas inesperadas, como la de Nadal ante Medvedev en Australia 2022 tras la asistencia médica que pidió en el tercer set. Este vaivén entre estrategia y accidente físico le da, si acaso, un poco más de misterio a cada partido.
PICOS EMOCIONALES Y REACCIONES INMEDIATAS
Hay momentos en que algo totalmente inesperado enciende a todo el estadio: un tapón casi imposible, una parada que desafía la lógica, o un destello creativo que eleva el ánimo del equipo. La reacción inmediata también es clave, en el balonmano europeo, por ejemplo, no es raro ver un gol casi instantáneo tras haber recibido otro, como si eso impidiera el bajón anímico del conjunto. Según la EHF, marcar rápido después de encajar un tanto parece aumentar en un 60% las posibilidades de empatar antes del descanso; aunque bueno, esos porcentajes siempre tienen algo de flexible, dependen de la situación.
No solo brillan los destellos individuales; los esfuerzos colectivos, esa la presión que recupera el balón tras un error, o la manera en que el grupo se sobrepone tras una revisión arbitral, también se quedan grabados en la memoria. Tal vez, sumando estos detalles inesperados, se entiende por qué cada partido se siente distinto, irrepetible incluso, más allá del resultado o de quien gana.
EL JUEGO RESPONSABLE ES LA CLAVE
Así como ocurre en la ruleta en vivo, la gestión de riesgos emocionales en el deporte y en los juegos de azar debe ser consciente y responsable. Es curioso, porque todo puede cambiar con pequeños detalles, a veces tan simples que casi pasan desapercibidos. Pero si algo parece esencial, es saber perder y ganar con cierta serenidad.
Apostar, jugar, idealmente ambos deberían ser solo una forma de vivir la emoción, no una fuente de dolores de cabeza. Sin moderación, sin autocontrol, es mucho más fácil perder de vista el disfrute genuino que supone ver o participar en el deporte. Al final, supongo que se trata de eso: mantener el juego divertido, igualitario y, sobre todo, sano. •