Paul Gascoigne, Maradona y 'fish and chips'

Fue y es la versión sajona de Diego. Genio, excéntrico, humilde, querido, débil, carismático y explotado. Nadie como Gazza, el ídolo caído y resucitado enésimas veces que volvió locos a los ingleses en los años 90.

Fotografía Agencias

*Diego Barcala.- Hubo unas temporadas, a principios de los 90 en las que Paul Gascoigne era el mejor jugador del mundo. Lo explica uno de esos niños que crecieron viendo sus hazañas y llegó a compartir vestuario con él. “Cuando pongo vídeos de Gascoigne a mis hijos les explico que no ha habido ningún jugador en Inglaterra como él, que es el jugador más excitante que ha dado este país”, resume Wayne Rooney en el documental sobre su ídolo. A continuación explica la fascinación que le produjo verle entrar en el vestuario de jóvenes del Everton preguntando quién había llegado tarde a casa la noche anterior. Rooney levantó la mano, Gazza se metió la mano en el bolsillo y le premió con 50 libras.

El biógrafo no oficial de Diego Maradona es Jorge Valdano. Su compañero en los buenos tiempos y el futbolista que mejor ha sabido narrar las emociones de este deporte desde el respeto por el amigo, la admiración por el ídolo y también, la decepción con la persona. Suya es la celebrada descripción: “Maradona nunca podría haber sido japonés”. La chabola de Villa Fiorito, el impacto mediático del niño prodigio, su asalto a los cielos de todo tipo por un profano, sus pies de barro, su genialidad, su talento trabajado en el potrero, su inteligencia. Un cóctel fisiológico y social que forjaron al mejor jugador de todos los tiempos. Y solo podía haber nacido en Argentina. Valdano vivió de cerca su cima en el Mundial 86 y lo supo contar hasta el mismo día de su muerte. “Aquellos que arrugan el rostro pensando en el último Maradona, con dificultades para caminar, problemas para vocalizar, abrazando a Maduro y haciendo de su vida lo que le daba la gana, harán bien en abandonar esta despedida que abrazará al genio y absolverá al hombre. No van a encontrar un solo reproche, porque el futbolista no tenía defectos y el hombre fue una víctima. ¿De quién? De mí o de usted, por ejemplo, que seguramente en algún momento lo elogiamos sin piedad”, empezaba su necrológica en El País el 25 de noviembre de 2020.

MUNDIAL Las lágrimas que dieron comienzo a la Gazzamania en las semifinales de Italia 90. Se perdía la final por una amarilla y lloró de impotencia

“Sin esa vulnerabilidad habría sido el jugador genial que era. Nadie amaba al juego como lo hacía él”, resume el homólogo de Valdano en la vida de Paul Gascoigne, su compañero en la cima del Mundial de Italia 90, Gary Lineker. El exdelantero del Tottenham y del FC Barcelona es la pulcritud, la simpatía, la elegancia y la locuacidad del fútbol inglés. Es el biógrafo no oficial del genio de Newcastle. “Paul Gascoigne nunca podría haber sido japonés”, es una frase que dirá algún día. El Villa Fiorito de Gazza era el parque Edison de Gateshead, la ciudad fronteriza con Newcastle por el río Tyne donde un niño regordete pulió su juego entre muros de ladrillo rojo jugando con una pelota de tenis. Su padre era albañil y su madre barría en una peluquería. Nació el 27 de mayo de 1967, un día después del lanzamiento de la obra cumbre de The Beatles, ‘Sgt. Peppers Lonely Hearts Club Band’. Su madre, fan del cuarteto de Liverpool, se negó a decidir entre la bicefalia musical y registró a su hijo como Paul John Gascoigne. “Su única duda era John Paul o Paul John así que me llamo así por Paul MacCartney. Mi primer recuerdo es ir en el carrito comiendo un pastel de pescado. ¿Gran recuerdo verdad?”, ironiza Gazza en su biografía publicada en 2005.

Su madre, fan del cuarteto de Liverpool, se negó a decidir entre la bicefalia musical y registró a su hijo como Paul John Gascoigne. “Su única duda era John Paul o Paul John así que me llamo así por Paul MacCartney

DIEGO Y GAZZA A la izquierda, el día que vio en un amistoso de 1993 a Maradona. "Estoy borracho", le confesó al argentino. "Yo también", le contestó el 10.

En esa familia prototípica del norte de Inglaterra creció el jugador referencia del fútbol inglés de los años 90. Una familia de cuatro hijos sin vacaciones que pudo regalar a Paul su primer balón a los siete años. “Uno de mis primeros recuerdos es acompañar a mi madre al bingo. Estaba sentado en sus rodillas y le tocó una lata de ‘beans’. Fue estupendo. Todavía hoy prefiero judías antes que caviar”. Cuando el adolescente futbolista irrumpió en el Newcastle United era el jugador más cotizado de los años 80 para los grandes clubes, Alex Ferguson lo tuvo atado para el Manchester United. “Lo acepté y me fui de vacaciones. Quedamos en que me incorporaría después del verano, pero me llamaron del Tottenham y me ofrecieron una casa para mis padres. Llamé a mi padre y se lo dijo. Me contestó: A qué esperas para aceptarlo. Y eso hice. Pero luego me pidió si podían añadir un coche. Y lo pedí. Se enteró mi hermana y pido también una tumbona para tomar el sol. Así que llamé y me dijeron: Dalo por hecho”, explica Gascoigne. Para su fichaje fue clave uno de los entrenadores que mejor supo conducir su talento, Terry Venables. Le prometió que le haría un jugador de la selección. Así fue y luego fue su seleccionador en la Eurocopa de 1996, la del golazo a Escocia. Una vez en Londres recibió una carta de Sir Alex Ferguson: “No me puedo creer lo que has hecho. Eres un estúpido bastardo. Te podrías ir al Barcelona, al Madrid, al Milan, pero irte a los putos Spurs…

El Tottenham pagó el récord de 2 millones de libras por él. “La gente se pregunta por la fascinación que sienten los aficionados por él. Es el típico chico que estaría jugando los domingos para el equipo del pub. Viste camiseta, vaqueros, zapatillas y anorak. Se alimenta a base de Mars y cerveza Brown Ale. Simplemente, es uno de ellos”, definía un reportaje de la BBC. En el campo, su atrevimiento y su frescura seducían a todos los aficionados. A su talento natural añadió la garra y el coraje imprescindibles para sobrevivir en un fútbol todavía arcaico como el de la Liga inglesa de finales de los 80. Uno de los que le dio sus primeras lecciones fue el duro defensa del Wimbledon, Vinnie Jones, al mando de un equipo de gangsters. “Le vi en el túnel de vestuarios y me dijo: Yo no sé jugar al fútbol pero tú hoy no vas a jugar al fútbol. Oops. Le volví a ver en el túnel y me quedé mirándole. Qué coño miras puto gordo, me dijo”, explica Gascoigne sobre su primer encuentro con Jones.

“La gente se pregunta por la fascinación que sienten los aficionados por él. Es el típico chico que estaría jugando los domingos para el equipo del pub. Viste camiseta, vaqueros, zapatillas y anorak. Se alimenta a base de Mars y cerveza Brown Ale. Simplemente, es uno de ellos”, definía un reportaje de la BBC

En el césped Gazza hizo lo que quiso con el defensa e incluso le tiró un precioso y limpio caño. Demasiado para un perdonavidas como Vinnie Jones que le agarró de los testículos con fuerza en una de las imágenes más reconocibles de su carrera. “Apretó fuerte, creía que me iba a dejar sin familia de por vida”, detalla Gascoigne en su documental. Al terminal el partido Gascoigne descubrió que un grupo de fans había enviado rosas al vestuario para los jugadores. Gazza pidió a un chaval que le llevara un ramo de su parte a Vinnie Jones. El niño volvió con una escobilla de wáter y una nota para Gazza: “Fuck Off (que te jodan)”.

TOTTENHAM
Tenía 21 años cuando llegó a Londres acompañado de su amigo de la infancia Jimmy ‘Cinco estómagos’ Gardner, la clásica mala influencia de la que cualquier persona seria se desharía. Pero eso no funciona con Gasccoigne. Fue con Gardner con el que tuvo el primer problemita con la justicia al atropellar a un joven en un Mini robado y con el que comenzó sus coqueteos con la bulimia en los juveniles del Newcastle. Jimmy se alojaba con él en el hotel que el Tottenham puso a los fichajes del año 89. Entre ellos el recién llegado del FC Barcelona, Nayim. “Iba a entrenar cada mañana y no me lo podía creer. Con la papa que llevaba anoche y es el mejor. Teníamos 21 años y el cuerpo lo permitía”, recuerda en esta misma edición el jugador ceutí. Tras cuatro temporadas en Newcastle, Gascoigne iba lanzado al estrellato del fútbol mundial. Los equipos ingleses estaban excluidos de las competiciones europeas desde la tragedia de Heysel de 1985 y el Tottenham, siendo un gran club, no se acercó a ganar la Liga. Sin embargo, la prestigiosa FA Cup fue el primer escenario de la Gazzamania. Semifinales contra el Arsenal en Wembley, el gran derbi de Londres. Gascoigne mete una falta desde 45 metros 30 años antes de los Cristiano Ronaldo, Drogba o Bale. Un misil a la escuadra.

En la final contra el Nottingham Forest de Brian Clough mostró su lado oscuro. Desde el paseíllo le asomaban los tics y la sobreexcitación, hasta le besa la mano a Lady Di en pleno protocolo. Empieza el partido y le clava los tacos en el pecho a un rival. 10 minutos después lanza una terrorífica entrada a otro con la mala fortuna de que se rompe el ligamento cruzado. Es la primera de las frustrantes lesiones que destrozaron su carrera por encima de la cualquier otro jugador porque apartar a Gascoigne del campo era apearle del único lugar en el que se sentía seguro de sí mismo. “Siempre he pensado que fueron las lesiones las que le llevaron a las drogas y el alcohol. Quería demasiado al juego, más que nadie”, asegura Lineker. Lo reafirma él mismo en su biografía en la que describe cómo fue a los 13 años cuando comenzaron sus primeros trastornos psiquiátricos. Tics, cleptomanía, hiperactividad, hasta que encontró lo que mejor sabía hacer en la vida, jugar al fútbol. “Empecé a los 14 años a jugar en clubes y encontré lo que mejor sabía hacer. No tenía tics ni me preocupaba por la muerte cuando jugaba al fútbol”. Nunca abandonó esa hipersensibilidad infantil. En cada entrevista recuerda el shock que le produjo ver morir atropellado al hermano pequeño de su amigo Keith con apenas 10 años. Su personalidad vulnerable le hizo ser acogido siempre con cariño por el vestuario. El capitán

 

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