'Y usted, ¿en qué piensa cuando no puede dormir?'

El periodista Pedro Zuazua confiesa que cuando no puede dormir recurre a una técnica infalible: repasar mentalmente todos los estadios que ha visitado. El recorrido comienza en el campo del Coruxo.

Pedro Zuazua.- A veces, me desvelo en mitad de la noche y no soy capaz de recuperar el sueño. Hay épocas en las que me da por pensar en la muerte. Desciendo, desciendo y desciendo hasta que, de repente, la vida regresa a mi cuerpo en formato escalofrío y vuelvo de ese pequeño abismo nocturno. Ya se sabe que todo parece mucho peor cuando estás a oscuras.

Es entonces, ya emocionalmente estabilizado, cuando recurro a una técnica que nunca le he confesado a mi novia y que comparto aquí con la esperanza -basada en la experiencia- de que nunca llegará hasta la última página de la revista: repaso mentalmente los estadios de fútbol en los que he estado. Lo hago, además, por orden geográfico. Me recorro la costa cantábrica empezando por Galicia, bajo por Castilla hasta Madrid y luego me desparramo un poco por el resto de la geografía española.

Antes de empezar el recorrido, tenga en cuenta el lector que el Oviedo se pasó varios años por los campos de Tercera y Segunda División B, lo cual hace que la categoría “estadios” en mi mente sea notablemente laxa.

Antes de empezar el recorrido, tenga en cuenta el lector que el Oviedo se pasó varios años por los campos de Tercera y Segunda División B, lo cual hace que la categoría “estadios” en mi mente sea notablemente laxa.

Mi ruta mental empieza en O Vao, en Coruxo y siempre me lleva a pensar que jamás estuve en Balaídos -y que ya nunca estaré en Balaídos, ni en otros tantos estadios, que ya solo existen en mis recuerdos de ‘Estudio Estadio’, porque todos han sido renovados-. Allí, en Vigo, vi una tarde de junio un espectacular atardecer y envié compulsivamente mensajes al entonces presidente del Oviedo para que me asegurara que iba a comprar el partido de vuelta -habíamos empatado a cero- porque mi capacidad de sufrir estaba ya al límite. En Arteixo, antes del partido, me choqué con una mesa llena de copas de un grupo de ultras. Cómo sería mi cara que la camarera puso una ronda entera gratis cuando se lo fui a contar.

Volviendo se San Lázaro, en Compostela, en 1998, después de que un gol de Penev nos mandara a la promoción, una pedrada rompió una de las lunas del autobús. Qué viaje aquel con la cortina volando permanentemente. En Riazor vi perder 4-0 al Oviedo sentado al lado del periodista Nacho Carretero y de varios centenares de Riazor Blues

En Asturias sería más fácil recordar los sitios en los que no he estado, pero más allá del Tartiere, por mi mente pasan el campo del Avilés, el del Caudal de Mieres y el del Langreo. Por alguna razón -posiblemente porque me parece muy bonito- por unos segundos pienso en el Marqués de la Vega de Anzo, en Grao. Hago una parada más larga de lo que se pudiera pensar en El Molinón. Allí viví algunos de los momentos más intensos de mi vida -ganar un derbi en casa del rival es una cosa loca- y también una historia un poco peculiar porque cuando era pequeño, mi padre me llevaba muchos domingos a ver fútbol a Gijón. Se producía una situación extraña: cuando el equipo local ganaba, los dos salíamos tristes entre miles de personas felices. 

Me encantaba ir a Santander -íbamos en autobús con los amigos de mi padre y llevaban siempre comida para la vuelta; volviendo de allí entendí un día lo que era la decepción tras probar unos maicitos con miel- y recuerdo una jornada entre semana en el Malecón de Torrelavega, con un cierto aroma británico.

Al antiguo San Mamés fui a un partido de Copa, invitado al palco. Tuve que ir de traje y corbata, porque el Athletic es un club serio. En Anoeta no he visto fútbol, sí un par de veces a Bruce Springsteen. Y aquí estamos pensando en estadios que conocemos. Porque también vi a Robbie Williams en el campo del Espanyol -y eso cuenta- y fui dos veces al Camp Nou -una de ellas a ver a Springsteen-.

SAN MAMÉS» Antiguas taquillas del viejo estadio del Athletic.

Me gusta llegar a Castilla y León porque ahí tengo mucha hemeroteca: de Ponferrada hasta Ávila, pasando por Valladolid o Zamora. En Salamanca, estando en el palco como directivo, recibí un mensaje de mi hermano que decía “tío, ponte recto”. Con cada gol que íbamos recibiendo, me iba hundiendo un poco más en mi asiento. En Ávila viví uno de los días más felices de mi vida, cuando ganamos 1-5 el partido de ida de la eliminatoria decisiva de ascenso. La tranquilidad -relativa, que en esto del fútbol nunca se sabe- era aquello.

Vivir en Madrid hizo que perdiera un poco la magia de visitar el Bernabéu, el Calderón -era el estadio de mi barrio y hubo una época en la que iba casi cada domingo- o Vallecas. Pero formar parte de la colonia asturiana en la capital me permitió visitar Leganés, Getafe, Alcorcón, Alcalá de Henares o San Sebastián de los Reyes. Creo que nunca vi a mi equipo ganar en ninguno de esos lugares. 

Pero formar parte de la colonia asturiana en la capital me permitió visitar Leganés, Getafe, Alcorcón, Alcalá de Henares o San Sebastián de los Reyes. Creo que nunca vi a mi equipo ganar en ninguno de esos lugares. 

En Toledo me enfadé con Xavi Moré porque se retorcía en el suelo de dolor y se nos escapaba el tiempo. Resultó que se había roto el ligamento cruzado. En Albacete viví una montaña rusa de emociones en una eliminatoria de ascenso a Segunda. Lloré de nervios, lloré de agobio y terminé llorando de alegría. 

Estuve en Son Moix y una extraña asociación de ideas me hizo pensar que, si me iba del estadio, nuestro portero pararía el penalti decisivo para ascender. Acerté. Visité el antiguo estadio Insular de Las Palmas, donde vi jugar al equipo local contra el filial del Sporting. La vida te lleva por caminos raros, que decía la canción aquella de Quique González.

Terminado el recorrido, si el sueño no termina de venir, empiezo a repasar los estadios que me gustaría conocer: Mestalla, Ramón Sánchez Pizjuán, Benito Villamarín… qué cosa tan balsámica el fútbol y sus hogares, ¿no?
Y usted, ¿en qué piensa cuando no puede dormir? •